
Fundamentos para Estudiar los Últimos Tiempos: Triaje Teológico, Exégesis y Hermenéutica
julio 31, 2026
El Valle de la Decisión: Cómo Debe Responder la Iglesia al Plan de Dios para Israel
agosto 30, 2026Dentro de la escatología bíblica, pocos temas son tan urgentes y tan mal entendidos como el plan de Dios para Israel. Comprenderlo no es un ejercicio académico: es fundamento para discernir uno de los desafíos morales más grandes de los últimos tiempos, el antisemitismo. En la Escuela Maranata dedicamos una clase completa a este tema dentro de nuestro curso «Israel: ¿Ha Desechado Dios a Israel?», y aquí compartimos sus ideas centrales.
La promesa imposible: la nación más odiada se volverá la más amada
Dios prometió a Abraham que sus descendientes serían usados para llevar a las naciones a conocer y amar al Señor. Pero Dios se colocó, en apariencia, en una posición imposible: la nación que más rechazaría a Jesús sería, un día, la que más lo amaría y guiaría a las naciones gentiles durante el Milenio; y la nación más odiada y amenazada de la tierra llegaría a ser la más amada, poderosa y segura (Is. 62:7). Jesús mismo profetizó el rechazo que sufriría de parte de Israel (Jn. 15:25), pero las Escrituras también anuncian el día en que Israel volverá su corazón al Señor (Dt. 30:3, 6) y Jerusalén se convertirá en el centro desde donde Jesús enseñará a las naciones (Is. 2:3; Zac. 8:22-23). Antes de ese día, sin embargo, Jerusalén será el centro de una gran confrontación (Zac. 14:2) cuyo desenlace final será su restauración y exaltación (Is. 66:10-11).
¿Qué es el antisemitismo?
El término «antisemitismo» fue acuñado y popularizado en 1879 por el periodista alemán Wilhelm Marr, quien ese mismo año fundó la Liga de los Antisemitas. Marr utilizó la palabra para dar al odio hacia los judíos una apariencia «científica» o racial, en lugar de puramente religiosa. Aunque «semita» describe originalmente a un grupo lingüístico que incluye a árabes y hebreos, el término se ha usado casi exclusivamente para describir la hostilidad hacia el pueblo judío.
Un patrón histórico de persecución
El odio contra los judíos no es un fenómeno reciente. Desde la destrucción del Templo en el año 70 d.C. bajo Tito, pasando por las masacres de la Primera Cruzada (1096), la expulsión de Inglaterra en 1290, la calumnia de sangre medieval, la Inquisición Española y la expulsión de 1492, hasta los pogromos del Imperio Ruso, el Caso Dreyfus y el Holocausto nazi que asesinó a seis millones de judíos, la historia registra oleadas repetidas de violencia antisemita. Este patrón continuó en el siglo XX con el Farhud de Bagdad en 1941 y el éxodo forzado de casi 850,000 judíos de países árabes tras la creación del Estado de Israel en 1948.
Cuando el odio llevó el nombre de Cristo
Es necesario reconocer con humildad que, a lo largo de la historia, también se cometieron atrocidades contra el pueblo judío en nombre de Cristo. Figuras influyentes de la Iglesia —desde Juan Crisóstomo y Agustín de Hipona hasta Martín Lutero, cuyos escritos antijudíos del siglo XVI fueron después citados por el régimen nazi— expresaron un rechazo profundo hacia los judíos que hoy reconocemos como un grave error teológico y moral. Esta historia explica por qué, para muchos judíos, el nombre de «cristiano» ha sido asociado con dolor en lugar de con el amor de Jesús, y por qué la Iglesia de los últimos tiempos tiene la responsabilidad de corregir ese testimonio.
El antisemitismo en la actualidad
El odio hacia Israel no ha desaparecido: se manifiesta hoy en desproporcionadas condenas internacionales (17 de las 20 resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2015 fueron exclusivamente contra Israel), en movimientos como el Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) que han ganado terreno incluso en denominaciones cristianas, y en corrientes del fundamentalismo islámico radical. Frente a esto, la advertencia del pastor Martin Niemöller sigue resonando: «Primero vinieron a buscar a los socialistas, y yo no hablé… Luego vinieron a buscarme a mí, y ya no quedaba nadie que hablara por mí.»
Conclusión
La historia del antisemitismo revela que el odio hacia Israel ha adoptado muchas formas —religiosas, raciales, políticas— a lo largo de los siglos, incluso dentro de la propia Iglesia. Pero ninguna de estas oleadas de odio ha podido anular la promesa de Dios: Israel no ha sido desechado, y su restauración final está escrita en la Escritura desde Génesis hasta Apocalipsis. Entender esta historia es el primer paso para que la Iglesia de los últimos tiempos asuma su responsabilidad profética frente a Israel, tema que profundizamos en la segunda parte de esta clase: «El Valle de la Decisión.» Te invitamos a inscribirte en el curso Israel: ¿Ha Desechado Dios a Israel? de la Escuela Maranata para estudiar este tema con mayor profundidad.




