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El tercer marco profético de Mateo 24 —los «dolores fuertes de parto»— comienza con un evento específico, visible y decisivo: la abominación desoladora, que marca el inicio de la Gran Tribulación. Estos dos eventos son el centro de la escatología bíblica sobre los últimos tiempos y el período previo al regreso de Jesús.
¿Qué es la abominación desoladora?
Jesús hace referencia directa al profeta Daniel, añadiendo la instrucción: «el que lee, entienda» (Mt. 24:15). La expresión significa literalmente una «cosa detestable que causa desolación»: un acto de idolatría o sacrilegio que provoca destrucción y juicio. Daniel la menciona cuatro veces (8:13; 9:27; 11:31; 12:11), Jesús la cita en Mateo 24:15, Pablo la describe en 2 Tesalonicenses 2:3-4 —cuando el hombre de pecado se sienta en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios— y Juan la amplía en Apocalipsis 13, describiendo la imagen del Anticristo que será colocada en el templo reconstruido de Jerusalén, y la marca de la bestia, sin la cual nadie podrá comprar ni vender (Ap. 13:15-18).
Para que esto ocurra, deben cumplirse condiciones previas: Israel debe existir como nación, Jerusalén debe estar bajo su jurisdicción, y el templo debe estar reconstruido con sacrificios conforme a la ley de Moisés. Este evento no es solo político, sino el punto culminante de una decisión de lealtad que cada persona deberá tomar: adorar al Anticristo o permanecer fiel a Dios.
La Gran Tribulación: sufrimiento sin precedentes
La frase griega para Gran Tribulación es Thlipsis Megale: una presión o angustia tan intensa que supera cualquier sufrimiento anterior en la historia (Mt. 24:21). Este período ocurrirá durante los últimos tres años y medio de esta era, cuando el Anticristo lidere un sistema mundial que abarca gobierno, economía y religión. Jerusalén será «hollada por los gentiles» durante 42 meses (Lc. 21:24; Ap. 11:2), y Jesús instruyó a Sus seguidores a huir a los montes sin siquiera regresar por sus pertenencias, mostrando la urgencia extrema del momento.
La Gran Tribulación traerá dos olas severas de muerte: la primera, proveniente de guerras, hambrunas y enfermedades (Ap. 6:8); la segunda, de los juicios sobrenaturales de Dios descritos en los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas de Apocalipsis. Sin embargo, Dios tiene propósitos claros al permitir este tiempo: purificar a Su pueblo como una Esposa preparada (Ap. 19:7-8), conducir a los incrédulos hacia la salvación, vindicar a los santos, proteger a Su pueblo y purificar la tierra antes del Reino Milenial (Zc. 13:1-2).
Conclusión
La abominación desoladora y la Gran Tribulación representan el punto de quiebre más dramático de toda la escatología bíblica: el momento en que el Anticristo se revela abiertamente y el mundo entero enfrenta una prueba de lealtad sin precedentes. Comprender estos eventos —anunciados por Daniel, Jesús, Pablo y Juan en perfecta armonía— nos ayuda a interpretar correctamente las señales de los últimos tiempos y a entender que, incluso en medio del mayor sufrimiento de la historia, Dios está cumpliendo Su propósito de purificar y preparar a Su Iglesia para el regreso de Jesús.




