
El Hijo del Hombre
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El Regreso del Hijo del Hombre
abril 30, 2025La Vida, Muerte, Resurrección y Ascensión del Hijo del Hombre
«En Su encarnación, Dios se hizo hombre; en Su ascensión, un hombre fue exaltado como Dios.» Esa frase resume el recorrido completo del Hijo del Hombre: descendió del cielo, nació como un niño indefenso, vivió entre nosotros, sufrió, murió, resucitó al tercer día y ascendió, desde donde regresará por segunda vez.
El niño que descendió del cielo
Cuando el ángel Gabriel anunció el nacimiento de Jesús a María, declaró que sería llamado «Hijo del Altísimo» y que Su reinado no tendría fin (Lucas 1:32-33) — cumpliendo directamente la profecía de Daniel 7 sobre un reino eterno. El niño nacido en un pesebre era el Hijo del Hombre profetizado siglos antes. A los 12 años ya asombraba a los maestros de la ley (Lucas 2:46-47); en Su bautismo, el cielo se abrió y el Padre declaró Su complacencia; y a lo largo de Su ministerio, cada milagro —sanar, perdonar pecados, calmar la tempestad, levantar muertos— confirmó la autoridad que reclamaba con este título: «el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados» (Mateo 9:6).
Padecimientos y crucifixión, predichos de antemano
La mayoría de los judíos del tiempo de Jesús esperaban un Mesías que estableciera Su reino sin sufrir ni morir. Pero Jesús predijo repetidamente que el Hijo del Hombre «padecería mucho, y sería desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y sería muerto» (Marcos 8:31) — los tres grupos exactos que formaban el Sanedrín. Isaías 53 ya había anticipado esta humildad siglos antes: «despreciado y desechado entre los hombres… como cordero fue llevado al matadero». Lejos de ser una víctima sorprendida, Jesús orquestaba cada detalle de Su entrega dentro del plan redentor del Padre (Mateo 26:2).
La resurrección que validó Su identidad
Jesús no solo predijo Su muerte: predijo Su resurrección al tercer día en los cuatro evangelios (Mateo 12:39-40; Marcos 8:31; Lucas 9:22; Juan 2:19-22). Cuando los discípulos de Emaús se lamentaban, sin reconocerlo, diciendo «esperábamos que él fuera el que había de redimir a Israel» (Lucas 24:21), Jesús mismo les explicó desde las Escrituras por qué era necesario que el Cristo padeciera antes de entrar en Su gloria. Más tarde se apareció físicamente a los discípulos, comió delante de ellos y les permitió tocar Sus manos y pies (Lucas 24:39-43) — no una aparición espiritual, sino una resurrección corporal real. Como escribe Pablo: si Jesús hubiera sido solo un maestro perseguido y ejecutado, sería uno más entre miles de mártires olvidados. Pero venció a la muerte misma (1 Corintios 15:54-57), y esa victoria validó Su identidad como el Hijo de Dios «con poder» (Romanos 1:4).
La ascensión: por primera vez, un Hombre divino en el cielo
Durante 40 días después de resucitar, Jesús enseñó a Sus discípulos acerca del reino de Dios (Hechos 1:3). Luego ascendió, y una nube lo ocultó de la vista de los discípulos (Hechos 1:9) — un evento tan milagroso como la encarnación misma. Por primera vez en la historia, había un Hombre glorificado sentado a la diestra del Padre. Los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, comenzaron a predicar con urgencia tanto la primera venida de Jesús (Su sufrimiento y resurrección) como la certeza de Su segunda venida como Rey y Juez (Hechos 2:33-36). Sabían que vivían en los últimos tiempos — y si ellos sintieron esa urgencia hace dos mil años, cuánto más nosotros hoy.
Conclusión
La vida terrenal del Hijo del Hombre —Su encarnación, Su sufrimiento predicho, Su resurrección corporal y Su ascensión— no es solo historia pasada: es el fundamento sobre el que se sostiene la esperanza de Su segunda venida. El mismo Jesús que descendió como un niño humilde es hoy un Hombre glorificado en el cielo, esperando el momento profetizado en Daniel 7 para regresar con poder y gran gloria.




