
El Juez de la Tierra, el Novio Apasionado y las Bodas del Cordero
mayo 31, 2025
Las Cuatro Posturas Escatológicas
julio 1, 2025El Origen del Plan de Redención de Dios
Para entender correctamente la escatología bíblica y los últimos tiempos, es necesario comenzar por el principio: el Jardín del Edén. La historia de la redención que culminará en el regreso de Jesús y en el Milenio no se entiende sin conocer cómo comenzó todo, y por qué Dios estableció un pacto con Abraham que definiría el resto de la narrativa bíblica.
El diseño original de Dios en el Edén
Dios creó al hombre para que tuviera dominio sobre la tierra y viviera en comunión perfecta con Él. Sin embargo, la caída de Adán y Eva interrumpió ese propósito, y con ella llegó el pecado, la muerte y la separación entre Dios y la humanidad. Aun así, desde ese mismo momento, Dios comenzó a tejer un plan de redención que se extendería a lo largo de toda la Biblia: desde Caín y Abel, pasando por la maldad que llevó al diluvio y al pacto con Noé (Gén. 9:9-13), hasta la rebelión humana en la Torre de Babel (Gén. 11).
El llamado de Dios a Abraham
En medio de ese contexto de pecado y dispersión de las naciones, Dios llama a un hombre: Abram, un iraquí de Ur de los Caldeos. La frase hebrea «lech l’cha» («vete de tu tierra y de tu parentela») significa literalmente «sal de ti mismo». Antes de establecer un pacto con Abram, Dios quería hacer de él un hombre nuevo, capaz de una entrega total a Sus propósitos.
Gén. 12:2-3, 7 «Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra… A tu descendencia daré esta tierra.»
Un pacto incondicional y perpetuo
El pacto abrahámico es una de las bases fundamentales del plan de redención de Dios. A diferencia de otros pactos bíblicos posteriores, este es unilateral e incondicional: Dios mismo camina en forma de «horno humeante y antorcha encendida» entre los animales partidos (Gén. 15:17), ratificando con Su propia palabra —sin depender de la fidelidad humana— que cumpliría lo prometido: una nación, una tierra específica («desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates», Gén. 15:18) y una bendición para todas las naciones a través de su descendencia.
Este pacto no solo garantiza la existencia perpetua de Israel como pueblo, sino que también apunta hacia el Mesías: Gén. 22:18 promete que «en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra», una simiente que el Nuevo Testamento identifica claramente como Jesús (Gál. 3:16). La circuncisión, establecida en Gén. 17, sella este pacto en la carne, y hoy encuentra su cumplimiento espiritual en la circuncisión del corazón (Ez. 11:19-20).
¿Por qué esto importa para la escatología?
Entender el pacto con Abraham es clave para interpretar correctamente las promesas sobre el regreso de Jesús, el Milenio y la restauración de Israel. Cuando Jesús vuelva, establecerá Su reino sobre la tierra y cumplirá totalmente el territorio y las bendiciones prometidas a la descendencia de Abraham (Zac. 8:3). Este pacto es, en palabras de Asher Intrater, la base sobre la cual «no solo incluye la salvación personal a través del sacrificio del Mesías, sino también la creación de la nación de Israel y, por último, la restauración de las naciones».
Conclusión
El Jardín del Edén y el pacto con Abraham son el punto de partida indispensable para comprender la historia de la redención y la escatología bíblica en su conjunto. Desde la caída del hombre hasta la promesa incondicional hecha a Abraham, Dios ha estado revelando un plan que culminará en el regreso de Jesús, el cumplimiento pleno del pacto abrahámico y la restauración de Israel y las naciones durante el Milenio. Estudiar estos fundamentos bíblicos —el Edén, la caída, y el pacto con Abraham— nos prepara para entender mejor los pactos posteriores con Moisés, David y el Nuevo Pacto, y nos ayuda a interpretar con mayor claridad las señales de los últimos tiempos y la promesa del regreso de Cristo.




