
El Regreso del Hijo del Hombre
abril 30, 2025
El Jardín del Edén y el Pacto con Abraham
junio 30, 2025El mismo Jesús que fue el Cordero inmolado, que entregó Su vida como sacrificio, es quien toma el rollo y desata los juicios sobre la tierra (Apocalipsis 5-6). Este es quizás el aspecto más difícil de aceptar del Hijo del Hombre: Su rol como Juez. Pero es inseparable de Su identidad como Novio apasionado y del evento que corona toda la historia: las Bodas del Cordero.
Jesús, el Juez justo
«No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo» (Juan 5:30). Durante la Gran Tribulación, Jesús desatará 21 juicios progresivos — no de inmediato, sino dándole a la humanidad oportunidad tras oportunidad de arrepentirse, «porque no quiere la muerte del impío, sino que se vuelva de su camino, y que viva» (Ezequiel 33:11). Isaías vio a este mismo Jesús como el «Guerrero Divino» que marcha desde Edom con vestidos rojos (Isaías 63:1-3), y Juan confirma que es Jesús en Su segunda venida (Apocalipsis 19:13). Sus juicios no contradicen Su amor: son la otra cara de la misma moneda, la respuesta justa ante reyes y ejércitos que se levantan contra Él, encarcelan y asesinan a millones de cristianos y judíos, y se niegan a arrepentirse incluso después de ver Su gloria (Apocalipsis 16:9-21).
Jesús, el Novio apasionado
La misma Escritura que describe a Jesús como Juez lo describe también como Esposo. Cantares 5:10-16 usa metáforas del cuerpo para revelar Su carácter: Su cabeza como oro finísimo (soberanía absoluta), Sus ojos como palomas (conocimiento perfecto y mirada singular hacia Su pueblo), Sus mejillas como un jardín de especias (la riqueza de Sus emociones), Sus labios como lirios (la dulzura de Su palabra). «Tal es mi amado, tal es mi amigo» (Cantares 5:16). En los últimos tiempos, la Iglesia estará tan enamorada de Jesús que su amor será más fuerte que cualquier tormenta — no un amor basado en el género, sino en una posición espiritual de privilegio que fortalece, no debilita, a cada creyente.
Las Bodas del Cordero
«Han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado» (Apocalipsis 19:7). Nótese el título elegido: no «las bodas del Creador» ni «las bodas del Rey», sino específicamente las bodas del Cordero — resaltando que es Su amor sacrificial el que la Iglesia ama por encima de todo. Como en las bodas del antiguo Medio Oriente, hay tres etapas: los padres eligen la novia (el llamado del evangelio hoy), el novio viene a buscarla sin previo aviso (el regreso de Cristo) y celebra una gran fiesta en su casa (el Milenio). La novia se viste «de lino fino, limpio y resplandeciente… las acciones justas de los santos» (Apocalipsis 19:8) — no por mérito propio, sino como fruto de la obra de Dios en ella. Y la Iglesia, unida al Espíritu Santo, responde con un clamor final: «El Espíritu y la Esposa dicen: Ven… Amén; sí, ven, Señor Jesús» (Apocalipsis 22:17, 20).
Conclusión
Juez de la tierra, Novio apasionado y Cordero de las Bodas no son tres personas distintas ni tres etapas contradictorias: son la revelación completa del mismo Hijo del Hombre que estudiamos desde el inicio de esta serie. Su juicio es la extensión de Su justicia; Su amor de Esposo es la extensión de Su entrega en la cruz; y las Bodas del Cordero son la culminación de toda la historia redentora, cuando la Iglesia — preparada, vestida de lino fino — se une para siempre a Aquel que la amó primero.




